Licencia para Amar

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Las películas de James Bond componen la saga más larga de la historia del cine. Desde 1962 hasta la actualidad y durante sus 27 películas, este espía británico, que trabaja para el servicio secreto de su país, mezcla elegancia, fuerza, inteligencia y misterio para hacernos pasar siempre buenos ratos.

El personaje de James Bond, también conocido como Agente 007, fue creado por Ian Fleming quien, además de ser periodista y escritor, fue oficial de la inteligencia británica. Estuvo destinado en la División de Inteligencia Naval durante la Segunda Guerra Mundial, participando, entre otras, en la operación «Goldeneye». A los seguidores de sus novelas o películas os sonará este nombre (Aquí os dejo la verdadera historia de la operación Goldeneye, una historia entre Británicos, Nazis y Franco: https://hmong.es/wiki/Operation_Goldeneye). Esta experiencia le proporcionó a Fleming gran parte del contexto de sus novelas.

La primera novela que escribió Ian Fleming con James Bond como protagonista fue «Casino Royale», publicada en 1952. Sin embargo, no fue ésta la primera película basada en sus novelas. Esta novela ha sido adaptada al cine en tres ocasiones, la última en 2006. Fue esta última adaptación de «Casino Royale» en la que pudimos ver por primera vez a Daniel Craig en el papel protagonista.

Daniel Craig es el James Bond de todos los que han interpretado este papel que a mí más me gusta, y sus películas también son mis favoritas. Aunque si bien es cierto que James Bond sigue siendo un espía que no falla en la ejecución de las misiones imposibles que se le encomiendan, en estas últimas películas se ha dotado al personaje de cualidades más humanas. Mantiene su condición de galán elegante y seductor irresistible, pero ahora también se enamora. Sigue ejecutando sus misiones en traje, pero ahora se ensucia, se hiere y se despeina. Le duelen los disparos que le alcanzan y hasta le hemos visto dolido sentimentalmente y afectado por las traiciones, llegando a emborracharse, cosa que antes era totalmente impensable ya que siempre se mantenía frío e impasible porque nada le afectaba.

Otra cosa que me gusta de las películas de la etapa Craig, es que todas tienen en mismo hilo conductor. Así que, si no has visto ninguna, hazlo en orden. Si quieres ver alguna peli de las anteriores, puedes hacerlo sin orden si quieres, pero estas últimas es mejor hacerlo el orden.

Y como no, la música de todas las películas de James Bond contribuye sin duda a su éxito. Sus temas principales han sido siempre interpretados por artistas actuales de primera línea, contribuyendo a perfilar la identidad de cada cinta. Todas ellas tienen elementos comunes que hacen que relaciones fácilmente las canciones con la saga, a pesar de ser todas ellas muy distintas y de géneros muy variados.

El tema principal de «Casino Royale» (2006), interpretado por Chris Cornell, vaticinaba cambios en la nueva era de la serie, irrumpiendo con mucha fuerza:

«You know my name» es de las canciones que tengo en mi categoría de #escucharatodovolumen, #tocarlabateriaimaginaria y #cantaragritopelao (cuando estoy sola, claro).

Después llegaron Jack White y Alicia Keys con su «Another way to die» para la película «Quantum of Solace». Constituyendo el primer dúo de la historia de estas bandas sonoras, este tema rock no recibió muy buenas críticas. Destacaban de él que no encaja en el universo James Bond. Aun así a mí también me gusta.

Adele nos sorprendió más tarde con su «Skyfall», compuesta para la película con el mismo nombre. Con esta canción ganó un montón de premios, incluido el Óscar a la mejor canción original en 2013.

En ella Adele volvía a la elegancia de los tiempos de Shirley Bassey, iniciando así de nuevo un ciclo de canciones en las que la sensualidad es la protagonista.

Sam Smith interpretó «Writting’s On The Wall» para la película «Spectre» siguiendo esta línea sensual pero en la que se vislumbra a este James Bond más humano, cansado de correr y escapar de todo, que cambia de prioridades y arriesga por amor.

Para la última entrega Billie Eilish interpreta «No Time To Die» (Sin tiempo para morir). Con la voz rota, parece como si escarbara en los sentimientos más profundos del personaje y de sus sufrimientos (es perfecta para la película). Aderezada con toques muy James Bond y una orquesta discreta y sublime, este tema me absorbe la mente y me remueve por dentro. Cuando termino de escucharla necesito unos segundos para recuperarme y volver a la realidad (escúchala con los dos cascos para captar todos sus matices).

Dicen que «Sin tiempo para morir» es la última película de James Bond que protagonizará Daniel Craig, así que aquí se cierra otro ciclo. Veremos con qué nos sorprenden en el futuro. Lo que está claro es que el Agente 007 seguirá salvando el mundo, aunque los tiempos cambien y de vez en cuando puedan aflorar sus debilidades ya que ahora James Bond tiene también «Licencia para Amar».

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10 comentarios

  1. Me ha gustado mucho tu análisis y me veo en la obligación de poner en pendiente tus sugerencias. Gracias por tu post

  2. Nunca tuve que pagar por matar, herir o infligir el dolor que considerase necesario. Antes se necesitaba ser un diez en todo, durante años, para escapar de las consecuencias de este tipo de actos.
    Yo solo necesité una misión para tener los dos ceros en mi código, y la confianza del MI6 plasmada en la licencia.

    En 1962 asesinaron a Ian Lancaster. Era un antiguo agente de la división de inteligencia naval. Alguien sin importancia. Le gustaba escribir en sus ratos libres. Tuve que visitar Jamaica para resolverlo. Código de la misión: Dr No. Mi pase para el doble cero. Si quieres saber más tendrás que leer el informe confidencial al respecto. Clasificado. No profundices demasiado. No querría tener que visitarte.

    M dice que hay 9 agentes de campo con el mismo nivel de autorización y que por seguridad no nos conocemos entre nosotros. El día que sepan de mí la lista se reducirá drásticamente, y lo digo literal. Me gusta ser el número 1 y tengo licencia para ello. Soy un profesional.

    He viajado por todo el mundo pero no conozco ningún sitio. Para mí la vida es una sucesión de habitaciones de hotel, localizaciones ocultas, calles, persecuciones y todo tipo de locales de ocio. Todo ello conectado por avión, coche o tren. En cada ciudad un agente local para documentarme y preparar el camino. Todo bien estudiado.

    Me desplazo sin maleta y con crédito ilimitado que aprovecho al máximo. Puede que eso signifique el otro cero: usar la cuenta de la agencia para dejarla vacía, siempre al servicio de Su Majestad, por supuesto.

    En cada lugar visto lo apropiado para no destacar, o para todo lo contrario. A veces debo actuar con encanto y persuadir. Un toque clásico. Otras entro haciendo ruido, provocando. Debo confesar que esta última táctica es mi favorita. Suele costarme un par de costillas. Me parece un precio justo a pagar.
    Antes de las misiones debo visitar a Q para que sólo me rompan un par. No quiero pagar de más con mi integridad. El físico no tiene tanto crédito con Barclays y los cachivaches de Q ayudan a protegerlo.

    Su departamento proporciona un extra de apoyo y de diversión. A M le gusta que tengamos más bazas que la otra parte. Más de una vez me ha sacado de apuros y además a los hombres nos encantan los juguetes. Sin importar la edad. Q fabrica los mejores juguetes para profesionales. Es un artista.

    Hace artilugios de todo tipo y los incorpora en objetos cotidianos. He usado relojes, zapatos, corbatas, anillos y cualquier otra cosa que puedas imaginar, trucados expresamente para matar.
    Siempre que visito el laboratorio disparo un par de los inventos que están desarrollando. Sé que le molesta que le toquen los prototipos y me divierto sacándole de sus casillas. Es lo más parecido a un amigo que tengo.

    Debo decir que mis reuniones con M son breves pero intensas. Respeto mucho la cadena de mando. Una visita al director significa que la maquinaria se va a poner en marcha. La adrenalina me invade y me pongo nervioso. Pero no es por la presión de la misión o el riesgo que asumo nada más salir de su despacho. Es Jean.

    La secretaria de M. Juego con las palabras solo para escuchar su risa. Hago proposiciones indecentes con impostada indiferencia. Me acerco y me alejo. Jean… Sé que podría dar un paso más y dejarme caer en el abismo de tus ojos. Pero no puedo. No debo. Las mujeres son bazas en una misión. No significan nada para mí. Otra cosa distinta eres tú. Moneypenny … Pondría tu vida en riesgo y sufrirías sin saber nada de mí en semanas, o meses. Pasarías a ser un objetivo para los enemigos de la corona. No puedo permitirlo. No debo tener emociones. Debería ser el tercer cero de mi licencia. Cero en relaciones.
    Supongo que esta frustración hace que destroce mi coche en todas las misiones…

    Me llamo James Bond y me gusta el Martini con Vodka, mezclado no agitado.

    1. Guauuuu… Me encanta! No tengo palabras. Te agradezco muchísimo que hayas dedicado el tiempo a escribir este pequeño relato que es mejor que mi post! Lo guardaré como un tesoro.

      Por cierto, voy a contarte un secreto… yo soy la verdadera Moneypenny 😉

      1. Más secreto que secretaria y más golden coins que peniques.
        Te recuerdo que tú pagas el tiempo de lo que escribo.
        🤣🤣🤣
        Tu money es mío.
        Besos de MI(6) parte.

  3. Muy bueno el post. Mayor mérito cuando no me gusta nada James Bond. Eso si la música es lo único que me gusta. Un auténtico acierto 😉

    1. Gracias Sergio! Me alegro de que te haya gustado. La música a veces puede gustarnos más que las películas. Lo bueno es que podemos escucharla siempre que quedamos e imaginarnos nuestra propia historia en ellas.

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